miércoles, noviembre 23, 2011

ENTREDÓS


Atravesé su trama
caminé por su urdimbre
con puntadas de besos 
bordé su vientre blanco
el ojal de su ombligo lo cerré 
con mi lengua
ejecuté calados en sus nalgas
bodoques en sus pechos
y al fondo 
muy adentro entre sus piernas
puse perlas de lluvia.

Arriba
desde el altar mayor
un Cristo nos miraba.

viernes, noviembre 18, 2011

CLICK

Cada tarde Sebastián salía con su cámara a recorrer las calles, los parques y las terrazas de verano. En cada click un tesoro. En cada esquina un arrebato de pasión le transportaba. Luego, ya en casa, empapelaba las paredes del cuarto oscuro con aquellas imágenes que le hacían estremecer.

Llegado Octubre, el frío se había apoderado de la ciudad y había escondido sus tesoros. Entonces él se encerraba en el cuarto oscuro. Aunque se lo había repetido hasta la saciedad a la nueva asistenta, en esa habitación no se limpia, está cerrada con llave y así debe seguir, una mañana en que se la dejó abierta, la eficiente Gladis le había quitado el polvo a todos los ombligos de la pared, y ya nunca pudo saber cuales habían sido suyos. Tendría que esperar otro verano.

martes, noviembre 08, 2011

TIERNA INTUICIÓN

Ella me había escondido el mando de la Play. Yo había echado a perder todos sus lápices de colores. Ella tiró mi nuevo Mp3 al wáter. Yo tiré a la basura su peluche favorito. Ella se quejó a mamá y a mí me castigaron. Culpable. 

Estuve días planeando mi venganza. Todas sus muñecas, desnudas y enseñando el culo, colgadas de la lámpara de su cuarto, cual murciélagos, fue mi regalo de cumpleaños. Mi madre se enfadó muchísimo, la abuela me llamó pervertido, y ahora, mientras aún me duele la bofetada de mi padre, estoy intentando entender eso que dijeron del parecido con mi abuelo. Sin Play ni Mp3 y castigado durante un mes sin salir, ando por internet a ver si consigo entenderlo. Lo de pervertido aún se me escapa, pero algunas imágenes se me quedan agarradas a los ojos y no puedo pensar en otra cosa.

sábado, octubre 29, 2011

CRACK


Ella nunca sospechó de sus lunes al sol. El seguía acudiendo a la oficina cada día. Se compró un coche más caro, siguió vistiendo de Armani, volando de Tokio a New York, regalándole flores y lencería de diseño.

Por eso, la noche en que la arrastraron a una despedida de soltera, no pudo soportar encontrar allí a su marido, desnudo y bailando, convertido en el gigoló de la fiesta. La ambulancia llegó demasiado tarde.

jueves, octubre 13, 2011

TRÉMULA BOCA

Entre palabras susurradas y música de jazz, las burbujas de cava escapan de las copas y se estrellan sobre las lenguas ávidas. Trémulas bocas se acercan a la mesa y van tomando las tartaletas de frutas, los caprichos de chocolate negro, las torres de merengue, los corazones de frambuesa… ofrecidos cual pagana eucaristía.  Bocas que comparten y estremecen,  sabores y salivas que se mezclan. Alguien lame, despacio, un pétalo de rosa confitado, un pezón tiembla contagiando deseo en otra piel, ávidas lenguas  relamen chocolate fundido, y las bocas, convulsas, van liquidando lentamente las delicias que preñaban la bandeja sagrada.

Al punto, la chica de piel de nácar, la mesa, se levanta satisfecha y se incorpora a la fiesta.

lunes, octubre 03, 2011

COMO ESPUMA EN LA ARENA

Rojas marcas de cuerdas en tu pecho
gallardas filigranas en tus brazos
cárdenos labios, púrpuras vestigios
aroma a yute y piel encadenada

Esdrújula poesía de tu piel
peregrina hermosura de tus nalgas
me desbordan y agitan
me enaltecen, me colman
me derraman
en un aullido
loco
desvariado 

Tus fluídos me anegan
como espuma en la arena 
me disgrego
pétalos de magnolia cristalinos
mazapán olvidado
entre tus nalgas
caen  entre mis dedos
viudos de tí
extraviados.

jueves, septiembre 15, 2011

UNA PAJA SIAMESA


Ni en sus mejores sueños lo hubiese imaginado. Las dos tías más macizas del mundo mundial le estaban haciendo una paja, una de esas increíbles, inverosímiles, pasmosas e inauditas pajas que deberían figurar en el Guinnes ese.

Umberto se había ido dejando caer sobre la alfombra, a lo tonto, mientras fumaba un cigarrillo y apuraba su botella de cerveza. Se había ido escurriendo hasta acabar aterrizando entre las trenzas siamesas, silencioso, sin pedir permiso. A ellas les gustaba trenzar su pelo, mezclado uno y el otro, dos mechones de una y un único mechón de la otra. Vane tan rubia, Vero ligeramente pelirroja. O al revés. Vane y Vero, Vero y Vane tanto monta. Les gustaba esa sensación de las cabezas unidas, su pelo, gemelo, siamés, confundido, les producía una sensación tan placentera que pasaban horas así, una pegada a la otra. Umberto había aparecido por allí, triste y cabizbajo desde que Marcela lo había plantado en mitad de una rave, a gritos, acusándolo de impotente. Una bruja esa Marcela. Y Vero y Vane lo habían acogido en el seno de sus trenzas siamesas, como se acuna a un niño. Habían hablado de la fascinación del pelo, su cadencia sobre la piel mientras se folla, el aleteo en los hombros, en la espalda, ese caer como pequeños azotes sobre los glúteos… y se habían calentado. Los tres, Vane y Vero, Vero y Vane, y él.

Entonces se le ocurrió. Ellas aceptaron. Por pena, quizá, o por confirmar si era impotente, como dijo aquella cabrona de Marcela.

Umberto se quitó el pantalón y el slip, quédate con la camiseta puesta, dijeron las siamesas entre risas. Y sin manos, no hagas trampas.  Se tumbó sobre la alfombra, ellas se levantaron al unísono, Vane y Vero, Vero y Vane,  cogieron su polla, que comenzaba a levantarse entre la trenza siamesa, rubia-pelirroja. La trenza siamesa se estrechó, le constriñó, subiendo y bajando, enredada, encrespada,  dejándose llevar por ese ritmo de olas que a veces rozaba la punta de su glande, para retirarse y bajar hasta la base. Umberto había dejado de pensar, había sucumbido a olas siamesas, a los gemidos sordos que escuchaba arriba, o al lado, o abajo, no sabía.

Se corrió con un alarido, reventando el silencio de la habitación.


Vane y Vero, Vero y Vane, se incorporaron para comerse mutuamente la boca, para lamerse enteras, para derramarse, ellas también, sobre la cara alucinada de Umberto.